-¿Como andar por la cuerda floja del poder?
sin transfórmanos en actores suicidas
que opacan su verdadera calidez
y luz humana por el dominio de los otros.
…Sin Temor-Honestidad-Transparencia, Meditacion-Imaginacion,Fluir,Acción-Esfuerzo,Efecto…
-¿Como andar por la cuerda floja del poder?
sin transfórmanos en actores suicidas
que opacan su verdadera calidez
y luz humana por el dominio de los otros.
Y me quede atascado en las entrañas de la ballena metálica,
marineros suicidas y peses de agua mineral atascaron sus fauces.
Si no puedo cargar con mi propio peso
moriré ahogado en la bilis del cetáceo.
La mierda resulta ser digna
si de ella surgen
los arboles del paraíso.
-¡Ve al mercado y tráenos cuarenta kilos de tripas de cordero! ¡Pero debes traerlas cargándolas sobre tus espaldas!
Hasán se fue al punto hacia el mercado, que estaba situado en el otro extremo de la ciudad. Una vez allí, compró las tripas y las cargó sobre sus espaldas. Sanguinolentas como estaban, no dejaron de mancharle de la cabeza a los pies y fue en este lamentable estado en que se vio obligado a atravesar media ciudad a fin de hacer entrega de su cargamento. Como era conocido como un hombre muy rico, cada traseúnte con el que se topaba le hacía pasar un verdadero suplicio. Por más que trataba de no parecer preocupado, sentía una profunda humillación.
A su llegada, el maestro le ordenó que llevara las tripas a la cocina para que prepararan con ellas una sopa para toda la hermandad, pero el cocinero anunció que no tenía un caldero lo bastante grande que pudiera contener semejante cantidad de despojos.
-¡Eso no es ningún problema! -repuso el maestro mirando a su discípulo-. ¡ Ve a ver al charcutero de la hermandad y pídele que nos preste un caldero!
Y Hasán, totalmente manchado como iba de la cabeza a los pies, se vio obligado a dirigirse al establecimiento del charcutero, que estaba situado en el otro extremo de la ciudad.
De nuevo cada transeúnte que se cruzaba en su camino sometió su orgullo a dura prueba. Mortificado por tanta humillación, trajo el caldero a la cocina y acto seguido fue a limpiarse. Un poco más tarde, el maestro le llamó y le dijo:
-¡Ahora, vuelve a hacer el camino del mercado y pregúntales a todos los transeúntes con los que te cruces si han visto a algún hombre llevar un montón de tripas sobre sus espaldas!
El hizo la pregunta a todas las personas con las que se cruzó y todas ellas le respondieron negativa o muy evasivamente: nadie había visto a ese hombre y las que lo habían visto no se acordaban ya de su cara.
De vuelta a la hermandad, el maestro le pidió que repitiera la experiencia a lo largo del camino del charcutero. También allí el resultado fue idéntico. Nadie se había fijado en un hombre manchado de sangre que llevaba un caldero.
Cuando Hasán informó a Abdul Effendi del resultado de su pesquisa, éste observó:
-Como ves, nadie te ha visto. Tú creías que la gente se fijaba en tu vestimenta, pero no era así. Eras tú quien proyectabas tú mirada en los demás.
Esa misma noche, el maestro dio una gran fiesta y convidó a sus invitados a tomar la sopa diciendo:
-¡Probad con nosotros esta noche la sopa de la dignidad y de la grandeza de Hasán!
La sopa se convirtió en «la sopa de la dignidad y de la grandeza de Hasán» porque éste supo aceptar la humillación y perder hasta el último ápice de su orgullo.
Hay personas que no viven su vida por orgullo, es decir, por temor al juicio de los demás. De hecho, proyectan en el mundo la mirada hipercrítica que ellos dirigen sobre sí mismos y que proviene del Superego, formado por sus padres. Prestan al mundo una mirada que no es otra que la de su Superego y, a continuación, se imaginan que son juzgadas, cuando en realidad son ellas las que se juzgan a sí mismas.
Hay que darse perfecta cuenta de que la mirada que se atribuye a los demás es nuestra propia mirada. Él mundo nos ve y nos percibe en función de la manera en que nosotros nos sentimos a nosotros mismos. Si nos sentimos muy honestos, el mundo no pone nuestra honestidad en tela de juicio. Por el contrario, si nos sentimos ladrones, atraemos hacia nosotros la sospecha y la desconfianza.
Es importante ser consciente de la manera en que nos percibimos, puesto que es esta mirada sobre nosotros la que determinará la calidad y el temor de nuestras relaciones con el mundo.
(La sabiduria de los Cuentos-Alejandro Jodorowsky)