jueves, 18 de febrero de 2010

Del otro lado de la luz.

Es evidente que ya no ando en 2 extremidades
que ya no recuerdo mi nombre original
y que en mi taza traslúcida de café
solo hay un sabor a labios que no son los míos.

Es evidente que mi piel tiene huellas de caricias
como el barro tiene la identidad de quien lo moldea
que mi ropa es una foto gris de los años 40
y que mi aliento ya no revive flores muertas.

Es evidente que mi corazón ya no es una llave de cobre
que abre los huecos oscuros del cuerpo de la noche
que mis dedos ya no desnudan las capas liquidas del día
y que mi dactilografía no pinta un mejor mundo.

Es evidente que de algún modo su ropa me habla a señas
que me grita que la desabroche de nuevo,
que le murmure amor a sus hilos y listones,
que después de todo ella es lo único que aun no se marcha
y que me aterra saber que no hay vapor que caliente mis telas y su cuerpo.

Es evidente que las calles ya no me conducen a la tierra de nunca jamás
que los gigantes condominios no me dejan cerca del cielo
que la dama de negro no reclama mis más dulces miedos
y lo doliente es que ya no diluvian humanidad mis párpado secos.

Es evidente que ya los hospitales no me diagnostican paz,
que las enfermeras no drenan esta mi soluble soledad,
que los médicos no marchan de un hemisferio a otro
para mandarme al manicomio de los fantasmas de lo banal
y que mi enfermedad se volvió la receta gris polvo para los
que agonizan esperando el transplante que los haga exhalar una vez más.

Es evidente que los billares y bares de buena muerte
ya no mitigan mi sed con sus brebajes de indeleble tranquilidad
que las esquinas no depositan amor misionero
para cobijarme con una luna de sabanas blancas de lino
y que después de todo ya no hay quien fantaseé
con las extensiones de este rastrojo de lo que alguna vez fue fuego.

Es evidente que mis dedos ya no delinean estelas,
que mi mente ya no alivia la frente cansada de otros,
que ya no cometo crímenes perfectos para mantener el curso
anormal de lo que me hacia único en este centenar de universos
y que aun sin identidad, ahí quien me mira y retrocede en sus memorias
para darme una caricia que por segmentos de historia me da serenidad.

Es evidente que el fulgor de unas veladoras gobiernan mis caminos
una vez al año cuando ya no se en donde refugiarme,
valdría la pena decir que los panteones no cumplen mis expectativas
como la política que me da grima aunque ya no vote por nada.

Mis amigos me ven como forma de lapida, césped mal cortado,
de flores nuevas en vasija viejas, como epitafio para nacer de nuevo.
De vez en cuando se preguntan:
¿Por que me adelante a sus marchas?
¿Quién es la chica de la foto que me mima?
¿Por qué ya no les miro a los ojos,
para luego secárselos con una servilleta?

Y yo solo con una parvada de peses bajo ensoñaciones
nado en el océano vespertino de sus más queridos anhelos,
con los dedos frágiles del viento toco su rostro,
con la evocación de mis más preciadas posesiones
les hablo desde mis afligidos adentros,
con la lluvia azul detenida en los granos de sal del tiempo
que a su lado parten en dos las lagunas mentales.

Antes de dejar en el tintero las palabras que en esa nota
se evaporan, sin haberse publicado estos mis motivos:

…Camaradas y Dama de mis sueños
ya no pude aguantar la incertidumbre
de saber que hay del otro lado de la luz,
el reflejo en negativo y sepia del otro lado del espejo,
y me adelante a ese mundo, a esos olores y sabores
pues mi cuerpo ya no traducía la pantomima que deletreaba la libertad
con que fue subrayada cada oración que me caracterizaba
y libere las aves de fuego y luz que resplandecían en nuestras bohemias noches,
ya la maquinaria con que estaba hecho andaba a destiempo
no coordinaba los movimientos
que me permitieran tocarlos y sentirlos de nuevo…

Como consuelo a desahuciados y locos
es evidente que quizás nunca lo sabrán
más por poco especial que parezca
tengo esta ligera perpetuidad
en la por ellos podré velar.


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