En la medida en que vamos avanzando, la necesidad de compenetrarnos con las causas para tener una mejor calidad de vida, en sus múltiples aspectos (espiritual, mental, corporal) se van deteriorando, corrompiendo o en el último de los casos exterminado por completo, constantemente estamos siendo ultrajados por sueños de supermercado, prestigio de márquetin, amores de entrada por salida o en su versión popular el callado y abnegado, transportes que acaparen la mirada del sexo opuesto y la virilidad eterna en un objeto material, espectaculares femeninos donde la textura del camuflaje de diseñador suplantan los problemas de inseguridad y populares arquetipos con que desayunan, se bañan y duermen todos los días el que para algunos erróneamente sigue siendo el sexo débil, a todo esto le incorporamos la carga por igual que todos llevamos en los roles religiosos y sus purgas para salir de ellas. Sin caer en generalidades todos estamos expuestos, me pongo como blanco para sus múltiples análisis y lo admito yo he estado en las mismas circunstancias así que mi deseo más sincero es empezar a trabajar para tirar los escombros que no necesitamos, porque en el transcurrir del día nos demos un instante, para analizar que nos duele, que nos enfurece, que nos roba el sueño, hacia donde estamos encaminando nuestras vidas, el proceso no será fácil, trataremos de escudarnos en otros con tal de no pasar tiempo con nosotros mismos, para no asumir nuestra responsabilidad, pero, la oportunidad es nuestra, cada instante es la ocasión de hacer algo diferente, preguntándonos si vale la pena hacer las cosas como hasta ahora lo hemos hecho, tomar al toro por los cuernos, envestirnos con él, e invertir ese coraje que nos saca a flote en las situaciones más adversas, no esperemos al final para pasar momentos de calidad con nuestros seres queridos, despeguemos nuestros sentidos del medio frio de las redes sociales y de una vez por todas demos cavidad al afecto fraternal que nos hace falta, lo importante es una caricia, un beso dado desde el alma y no un email cadena con técnicas reflexivas que nadie lee, analiza y aprovecha, el cual sigue su curso para que sepan que tenemos muchos contactos y de los cuales conocemos muy poco. Apaguemos el televisor y dejemos de cenar la familia preconcebida digerida por los medios, tengamos una charla sin joder, para saber lo que le pasa a nuestra familia, nuestro mundo se retroalimenta de ese núcleo esencial que emanamos, es el siguiente tejido, un órgano esencial y tan vital que debemos de curar. Averigüemos como están nuestros hijos, sino sufren maltrato, si su educación los enriquece, juguemos con ellos y aprendamos de ellos porque nunca se es demasiado grande ni chico para compenetrarse en la sabiduría del otro. Dejemos de adoptar machistas y sumisos miedos, para saber si nuestra pareja se siente bien, ver de qué manera podemos apoyarla si está se dedicada a las labores del hogar, por lavar los trastes o la ropa no se nos van a caer las manos, si trabaja, ayudarla a que su crecimiento laboral y espiritual vallan de la mano. Porque al decir un Te amo, no se nos va caer el pene enfrente de los que nos cuestionan y se dicen ser nuestros amigos, asumamos nuestra sexualidad sin egoísmo y pensemos en el otro, respetando su libertad de decidir qué y de qué forma le agrada experimentarlo, podemos volverlo un ritual para redescubrir nuevas sensaciones, expandir nuestros sentidos, hacer el amor es experimentar mas al otro, conocernos en la intimidad como somos mas allá de la desnudes del cuerpo, mas allá de un orgasmo tradicional donde al concluir volvemos ser dos completos desconocidos. La actitud es decisión propia, el milagro es colectivo. No busques el momento idóneo, es aquí y ahora.
Hasta nuestro próximo encuentro.
Un fuerte abrazo de su amigo El Lobo Solar.
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